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Los Masagetas

Los Masagetas, Massagetae , en búlgaro Масагети, Massageti; griego Μασσαγέται) fue una confederación de pueblos nómadas iranios que vivió en las estepas de Asia Central entre el mar de Aral y el mar Caspio durante la antigüedad.

Según Heródoto, Ciro II el Grande de Persia encontró la muerte (circa 600/575 – 530 a. C.) durante una batalla contra los masagetas en Balkhara (antigua Bactriana, Afganistán actual), comandados por la reina Tomyris. El nombre massagetae significa grandes escitas, Massa es igual a grande y getae es igual a escitas.

Posibles conexiones con otros pueblos antiguos

Muchos eruditos han sugerido que las Massagetae estaban relacionadas con las Getae o Getas de Dacia de la antigua Europa del Este . Una obra del siglo noveno de Rabanus Maurus, De Universo, dice: «Los Massagetae se originan en la tribu de los escitas, y se llaman Massagetaen que quiere decir «Getae fuertes«. 

Autores, como Alexander Cunningham, James P. Mallory, Victor H. Mair y Edgar Knobloch han propuesto relacionar a los Massagetae con los Gutis o Gutios del 2000 a. C. Mesopotamia. También se identifican con un pueblo conocido en la antigua China como «Da Yuezhi» o «Gran Yuezhi» (quien fundó el Imperio Kushan en el sur de Asia). 

Somos Godos - Geografía / Masagetas - Mapa de Herodoto

Reconstrucción del mapa de la ecúmene de Heródoto, circa 450 a. C.

Los masagetas eran un pueblo de vida nómada que habitaba en la Antigüedad en la estepa de Asia Central, una región comprendida entre el noreste del Mar Caspio y el de Aral, coincidiendo con partes de los actuales territorios de Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajastán. Aunque guardaban cierto parentesco con los getas, según se deduce de lo poco que conocemos de su lengua pertenecían al grupo iranio y lindaban con los escitas, una confederación de tribus con quienes algunos los relacionan también.

Heródoto en sus Nueve libros de la Historia la principal fuente de información (Libro I, CCV-CCXVI) y quien señala las similitudes de los masagetas con los mencionados escitas en su dominio de la técnica ecuestre, de la lucha con arco y hacha de guerra, y del uso de metales preciosos (oro, bronce) en corazas al no disponer de hierro.

El historiador griego también reseña costumbres de su vida cotidiana, como que adoraban al sol, hacían sacrificios religiosos de caballos, practicaban la ganadería y no la agricultura, tenían gran afición a beber leche fermentada y no contraían matrimonio, emparejándose sin más, si bien las mujeres solían vivir juntas; a las féminas les tenían una consideración lo suficientemente importante como para permitir que ocuparan el trono.

Tomiris, la reina de los masagetas que derrotó a Ciro el Grande

Esta condición del mundo femenino masageta, poco habitual en los tiempos antiguos, contribuyó sin duda a originar la leyenda de Tomiris acerca de su victoria sobre Ciro II, el rey aqueménida de Persia que forjó un imperio en el Próximo Oriente -el mayor de su época, que se mantuvo hasta su conquista por Alejandro- y que finalmente falleció a manos de los masagetas.

En ese contexto surge el relato legendario recogido por Heródoto, según el cual Ciro se enamoró de ella y le ofreció matrimonio pero su oferta fue rechazada, lo que llevó al ofendido rey a dirigir hacia ese territorio su maquinaria bélica en una campaña de conquista.

Las tropas persas avanzaron contundemente y los otros les salieron al paso al mando de Espargapises, hijo de la reina y general en jefe, quien presentó batalla y libró un combate que, si bien no resultó decisivo, en la práctica suponía que habían conseguido detener la invasión por el momento. Las espadas seguían en alto pero, cuenta el autor griego, todo obedecía a una trampa: sabiendo que sus enemigos no estaban acostumbrados a beber vino, los persas abandonaron su tiendas y equipos dejando una abundante cantidad de esa bebida.

Y los soldados masagetas picaron, emborrachándose para festejar que habían logrado detener al poderoso Ciro. Éste aprovechó la oportunidad para hacer una incursión en la que los tomó por sorpresa, acabando con un tercio de los efectivos y capturando un gran número de prisioneros, entre ellos a Espargapises. Su madre, indignada por el ardid, envió un correo a las filas enemigas recriminando el engaño, exigiendo la liberación de su vástago y acusando a Ciro de ser un hombre insaciable de sangre, advirtiéndole con una de esas frases literarias que hacen historia: «Te juro por el sol, supremo señor de los masagetas, que por sediento que te halles de sangre yo te saciaré de ella …».

Lamentablemente para ella su hijo, abrumado por la verguenza ante semejante desastre, optó por suicidarse. Sumida ya en el odio, Tomiris se puso personalmente al frente de sus guerreros y se lanzó contra los persas, aplastándolos; el ataque fue tan fulminante y brutal que el mismo Ciro murió luchando y su cadáver fue decapitado, llevándose la cabeza ante la resentida reina.

Somos Godos - Geografía / Masagetas - Tomyris y la cabeza de Ciro II

Entonces ésta mandó llenar de sangre humana un odre y sumergió en ella la cabeza del caído monarca mientras le espetaba a aquel despojo una recordada declaración: Perdiste a mi hijo cogiéndole con engaño a pesar de que yo vivía y de que soy tu vencedora. Pero yo te saciaré de sangre cumpliendo mi palabra. Así lo cuenta Heródoto, aunque también cronistas como Estrabón, Polieno, Casiodoro o Jordanes, entre otros muchos, explican que Ciro el Grande murió intentando conquistar a los masagetas, probablemente entre los años 559 y 530 a.C. 

Tomiris pasó a enriquecer la cultura popular de los pueblos de Asia central, comparándose su figura y su dimensión histórica con la de otras grandes mujeres guerreras de la zona, como Zenobia (que trató de defender Palmira de la invasión romana), Hipsicratea (la concubina de Mitrídates VI, a quien sucedió al frente del Ponto contra la Roma republicana), Artemisia (la reina de Halicarnaso que dirigió su propia escuadra contra los griegos en Salamina) o incluso Pentesilea (reina de las míticas amazonas).
Somos Godos - Geografía / Masagetas

Mapa de Asia en Tiempos de Alejandro Magno, circa 323 a. C.